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Solidaridad y sentido común (1) 11 mayo, 2013

Posted by franciscolozano in Sociedad.
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En 1995, hace ya dieciocho años, escribí un artículo en el que reflexionaba acerca de un valor humano socialmente apreciado y reconocido como es el de la solidaridad. Aquel texto surgió al hilo de la lectura de un artículo de opinión del entonces cardenal Narcís Jubany, publicado en La Vanguardia, en donde éste abordaba el tema de la soledad como el ‘mal del siglo’.

España estaba empezando a dejar atrás una crisis económica que había estallado en 1993, despertando al país del sueño olímpico. La recesión fue breve pero severa, con una tasa de paro que llegó a alcanzar el 24% y afectaba a tres millones y medio de personas, cifras muy elevadas para aquel entonces y que permiten poner en evidencia la dimensión brutal de la actual recesión, que afecta en estos momentos a seis millones doscientas mil personas, un 27% de la población activa.

Se han empleado ríos de tinta para analizar qué pasó entre 1995 y 2007, qué se hizo bien y qué se hizo mal, y en general ha quedado un amargo regusto no tanto por la nostalgia de los tiempos ‘felices’ que difícilmente volverán como por la sensación de que se malbarataron las oportunidades de haber cimentado un proyecto sólido y equilibrado de desarrollo de nuestro país. El año 2007 cierra un ciclo atípico de euforia económica y de confianza irracional que alentó todo tipo de excesos en la toma de decisiones de consumo y de inversión y amparó claros abusos y hasta perversiones en el gobierno de la ‘cosa pública’, abusos siempre consentidos y, no hay que olvidarlo, democráticamente refrendados en las urnas. Y es que cuando todo parece que va tan bien y durante tanto tiempo, las alertas se relajan. Más de diez años de ‘prosperidad’ económica que no permiten, sin embargo, extrapolar un juicio igualmente positivo acerca de los valores que acompañaron dicho crecimiento. En próximos artículos abordaré esta dimensión de los valores y de los principios, que me parece de una importancia capital no sólo para entender lo que ha pasado sino para sentar unas bases realmente sólidas para intentar que no se repita.

Pero mi interés ahora es revisar el concepto de la solidaridad en el contexto actual en el que colectivos cada vez más amplios de la sociedad española se han visto abocados a una precariedad económica impensable hace tan sólo seis años. Aunque todo análisis conviene ser adecuadamente contextualizado, en el tema de la solidaridad hay elementos que le son intrínsecos y que, por tanto, valen casi en cualquier momento del tiempo. Porque tras las acciones solidarias se esconden, en ocasiones, actitudes hipócritas e inconsistentes y más de una contradicción ética.

Como es erróneo, además de injusto, generalizar este tipo de críticas, diré ahora que el objetivo de las mismas no son los organismos que impulsan proyectos solidarios sino las motivaciones y los impulsos que llevan a la gente (o a las empresas o a los mismos Estados) a apoyarlos. Valdría la pena que, como sociedad comprometida que creemos ser, nos aseguráramos de que nuestras decisiones domésticas, a la hora de invertir o de consumir, son consistentes con nuestros impulsos solidarios surgidos al calor de campañas estacionales (cuando llega la tierna Navidad, por ejemplo) o de sucesos dramáticos puntuales.

Os invito a leer aquel artículo que escribí en 1995, Solidaridad y sentido común, ganador en dicho año del premio Vila de Martorell en su XX edición, y en el que vertí opiniones y reflexiones que no cambiaría pese al paso del tiempo porque creo  sinceramente que siguen estando vigentes.

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